Un domingo resacoso, de sed, calor interno y garganta áspera. Me pica, me raspa. No importa porque siempre vale la pena.
Me siento mejor que ayer y mucho mejor que antes de ayer. Me siento mejor.
Me rehuso a incluír la palabra energía en mis oraciones pero creo que no me está quedando más remedio que usarla.
Fue eso; un cambio de energía. Y yo sabía que me hacía falta dejar de encerrarme con mis amigos en una casa todos los putos sábados y respirar. Interactuar con otras personas para no permanecer siempre en el mísmo círculo.
Es como si de vez en cuando necesitara sentirme deseada. No estoy empleando el vocabulario justo, pero es que ultimamente me está costando bastante encontrar los términos ideales. De todos modos se entiende lo que quiero decir.
Podría atribuírle la responsabilidad de sentirme mal en los días anteriores a una persona en particular, pero no estoy completamente segura de que sea la culpable. Soy grande y a esta altura no debería imputar a nadie en mis crimenes. Bueno, la verdad es que se me estaría complicando lograrlo.
El olor a cigarrillo invasivo y el ruido irritante de las teclas del celular me hierven la sangre. Tu falta de atención, la falta de preocupación y de cariño me sacan de quicio. Ya no te admiro y me duele. Eras mi referente pero ahora abrí los ojos. Hay muchas cosas en las que no quiero ser como vos y hay muchas cosas que, por suerte, no heredé. Mi instinto materno, por ejemplo. No, no es una exageración. Siento desde MUY chiquita que, literalmente, voy a ser la mejor madre del mundo. No lo puedo explicar, es algo que me pasa desde que tengo memoria. Siempre me gustó jugar a la mamá mucho más que a las barbies. Y eso no tiene explicación.
Ojo, no te estoy echando la culpa. Vos no sos así y en el fondo lo comprendo, no tenés nada que ver en eso, pero la desilución me atormenta un poco. Prefiero no seguir con este tema porque me voy a poner a llorar en cualquier momentito.
Suena el teléfono reiteradas veces y me niego a atender, pero es tal la insistencia que decido al menos ver quien es el que me rompe las pelotas. Abuela Laura, dice el identificador. Justo ahora que me sacuden las ganas de re putearla, pienso.Me contengo porque se que escuchar su voz haría que se me suelte la cadena. No se si puedo usar el vocablo violencia para describir mis reacciones, a lo mejor es demasiado.Me calmo un segundo, no tiene sentido, es una pobre vieja.Una arpía que con mi hermana detestamos toda la vida, a diferencia de mis primos que la adoran. Será que por ellos se interesó siempre más que por nosotros. Será porque a mi tía la quiso siempre más que a mi papá. No es rencor, es ganas de no volver a verla.
El texto se me desvío un poco del eje, no quería hablar de esto.
Mañana lunes otra vez y una nueva oportunidad de esforzarme para conseguir lo que quiero. Solo espero no desperdiciarla.
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