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Sé que estoy en el medio de ningún lugar

sábado, 1 de marzo de 2014

Eco

No acostumbro a estar de mal humor, pero hoy particularmente me levanté con ganas de no sonreir. Con ganas de no ser feliz.
Salgo porque no quiero quedarme acá adentro pensando, pero en cuanto hago una cuadra me doy cuenta que fue peor el remedio que la enfermedad.
Camino rápido, dejando que el viento me despeine, me corte la piel y me erize los pelos. Que tonto, como si un soplido de aire pudiera callar mi cabeza. Como si melena castaña y lacia, revuelta y enredada fuera sinónino de mente en blanco. Soy muy ingenua a veces, solo a veces. Cuando quiero, cuando lo elijo.
No, no puedo parar de pensar. Pienso tanto, pero tanto que ya no distingo que es lo que digo en voz alta y que es lo que no digo.
Me acomodo en un bar en el que no me siento nada cómoda. Y observo a la gente de al rededor.
Que curioso.. todos toman su café de a sorbitos cortos, medidos y muchos de ellos dejan enfríar la infusión amarronada en sus tazas, mientras leen el diario, charlan con su acompañante o simplemente miran el horizonte en silencio.
Yo, en cambio, lo tomo exageradamente rápido, ni siquiera le doy tiempo de reposar sobre la mesa un rato.
Como si quisiera huír lo más pronto posible de ese lugar. De ese lugar que yo misma elegí.De ese lugar o de mi.
Si, más bien como si deseara fugarme por unas horas de mi.
Que ingenua soy a veces, solo a veces..

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