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Sé que estoy en el medio de ningún lugar

viernes, 31 de octubre de 2014

Estilizada


 Estoy escuchando Babasonicos y me dan unas ganas locas de estar borracha y drogada, acostada en algún piso frío.
 Y hablar de cosas íntimas pero nada profundas, como del miedo que me causa la inmensidad del mar de noche y la calma que me provoca contemplarlo de día. O de lo feliz que me hace dormir la siesta sin corpiño, o capaz de lo mucho que me gusta que esté mi mamá en casa a la mañana.
 Las cosas profundas no se las voy a contar nunca a nadie, ni aunque esté al borde del coma alcohólico; porque me gustan los secretos, porque me encanta la clandestinidad y porque me divierte un cierto grado de misterio.
Soy la mezcla de seriedad y desastre. Soy más desastrosa que seria. Y no lo cambio porque me gusta ser asi. Soy tan masoquista que me doy un poquito de miedo. Soy tan despojada que me asusto y me enamoro a la vez.
Mi alma es joven y es vieja y juro que hay puntos de inflexión entre esos dos antónimos. Es perfectamente indefinido y ese enigma es el que inconscientemente busco en los hombres, para tomarme el tiempo de descifrarlo, para desenrollar el manojo de lana, para desenredar los auriculares que saco de mi cartera, para ponerme las medias can-can de a poco.







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